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Cronicando Historias de recepción
Clasicos Crónica #009 Hace 3 días

La tarta que no era mágica

La tarta que no era mágica

Una señora se acerca amablemente a recepción para informarnos de que su hijo cumple años el martes. Quiere encargar una tarta para 7 personas, hasta ahí todo correcto.

Muy simpática, nos comenta que su hijo es aficionado al golf y al ping‑pong, y que le gustaría una tarta personalizada con imágenes de ambos deportes, además del nombre del homenajeado. Tomamos nota con toda la profesionalidad del mundo y procedemos a informarle del precio.

Aquí comienza el giro de guion.

La señora, visiblemente sobresaltada, nos aclara que tiene todo incluido, y que le parece “estúpido” tener que pagar una tarta aparte.

Hola… ¿cómo dice?

Se le explica con calma que, aunque tenga régimen de todo incluido, una tarta exclusiva y personalizada, con nombre, imágenes específicas y sabor a elegir, no entra dentro del régimen y se factura aparte.

Su respuesta:
— Esto es estúpido.

Según ella, si en el hotel hay tarta todos los días… ¿qué más nos da hacer “una más” para ellos, cuando han pagado por todo incluido?
Se le vuelve a explicar —con aún más paciencia— que son normas del hotel, que no dependen de recepción, sino de cocina y de política interna. Nada personal. Nada improvisado.

La señora insiste. Que es estúpido. Que cómo va a pagar una tarta aparte. Que cómo celebran entonces los clientes los cumpleaños.

Le explicamos que el hotel suele tener un detalle, pero que cuando se solicita una tarta especial, se paga aparte.

La reacción facial de la señora fue algo difícil de describir… pero muy parecida a la de alguien que acaba de oler algo que no debería existir.
Finalmente, la cliente se marcha bastante enfadada, molesta con el estándar del hotel.

Por curiosidad profesional (y necesidad interna), revisamos el régimen de la familia:
👉 Resulta que el hijo cumpleañero está alojado en otra habitación, con otra reserva y régimen de alojamiento y desayuno.
👉 Solo la señora y su marido disfrutan del todo incluido.

Conclusión final:
Una tarta personalizada, solo para ellos…

Con todo incluido…

Pero no para todos…

Y, por supuesto, gratis. Porque claro, es estúpido pagarla.

¿Qué te ha parecido?

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